Albacete, tierra de contrastes
Albacete siempre sorprende al visitante que se aventura a descubrir su riquezas escondidas. Tradicionalmente considerada tierra de paso entre la capital de España y el Levante, esta provincia esconde una rica diversidad paisajística que atrae cada vez más a sus visitantes. Desde la esencia más puramente manchega de sus llanos a los frondosos bosques y los cristalinos riachuelos de sus sierras, todo un abanico de posibilidades que dispararán nuestra imaginación como si fuéramos nuevos quijotes. Hacia el oeste de la provincia encontramos el Campo de Montiel, de claro sabor cervantino, con relieves suaves y numerosos manantiales. Aquí, casi en el límite con Ciudad Real, se encuentran las Lagunas de Ruidera, de gran interés ecológico. Luego, hacia el sur, llegamos a las sierras albaceteñas, la de Alcaraz y la de Segura, llamada con toda razón la Sierra del Agua, en la que nace el río que le da nombre y que cuenta con paisajes espectaculares, como el nacimiento del río Mundo, cerca de Riópar.
Ofreciendo un abrupto contraste con estas zonas, el centro y norte de Albacete lo ocupan las grandes planicies típica y tópicamente manchegas de La Mancha de Villarrobledo y La Roda, los Llanos de la capital y La Manchuela, comarca ésta última compartida con la vecina Cuenca, donde destacan los valles y las hoces de Júcar y del Cabriel, uno de los ríos más limpios de Europa y donde la localidad de Alcalá del Júcar, con un magnífico castillo y numerosas cuevas, es visita obligada. En definitiva, podemos decir que Albacete no deja nunca de asombrar al viajero que busca desmontar tópicos y descubrir nuevos destinos, y es por ello que se trata de un valor en alza y un referente obligado en el ámbito del turismo de interior de calidad.
|